4/4/15

Sangre en la Copa

Un plano gris en la pantalla con 4 puntos azules.
De repente una bola verde sale del cielo
Crea inmensas olas redondas que tocan todo extremo del mundo.

Azul sale del agua como una sirena que luego sacude su pelo al caerle mas agua del mundo exterior.
Se escucha música hipnotizarte y tranquilizadora.


De repente la música se intensifica y aparece una explosión nuclear de sangre que se disparse por la copa.


3/4/15

Gritó en Silencio

Eugenio Martínez es el director de proyectos de urbanización en mi país de origen. Es un señor muy popular por su talento, honestidad y bondad. Él tiene un proyecto en mente para unir todas las ciudades del país. El proyecto tomaría mucho tiempo y sería muy costoso, pero él buscó ayuda financiera y encontró los suficientes fondos con la ayuda del gobierno para comenzar su proyecto. Aunque este proyecto era muy necesario para la unión del país, había oposición porque el dinero quería ser utilizado para usos personales de los políticos. O sea, la corrupción. “Por recorte de presupuesto sólo podremos llegar al planteamiento. Disculpen las molestias”. Sin importar este problema, él siguió luchando hasta su muerte.

Eugenio Martínez sabía que tendría que luchar, pero ganar contra la corrupción, como él ya sabía, es muy difícil: “¡Cuidado, porque una de estas palabras mata!” Él quería ser muy cuidadoso con sus acciones y sus palabras. “Esperó nueve meses… y nada: tuvo que admitir que no funcionaba entrar de vuelta y ‘desnacer’, como proponía el manual”. Todo parecía repetirse y no había resultados. Ni un paso se había dado para empezar el proyecto.

Su hija, Yolanda Martínez, sabía de la gran importancia de este proyecto para el país y para su amado padre. Un día dando vuelta en una esquina”, justo en la esquina de un rascacielos donde se veía una hermosa catarata, “miró con asombro” la cara de un hombre. “Había visto en su cara los rasgos de un muerto suyo”, los rasgos de su padre. “…AAAAAAH…”, gritó en silencio desde lo más hondo de su alma.
Recordó todas las vírgenes a las que había convocado por lo tanto que sufría por la muerte de su padre. “La Virgen del Completo inunda de tal amor las casas, las iglesias y los corazones que ya nada más puede entrar en ellos, nunca”. “La Virgen del Cristal concede que sus devotos se vuelvan transparentes. ¡Qué de relaciones entonces, qué de vísceras saltarinas!” “La Virgen de los Locos revela secretos inútiles, como el número en el catálogo Pantone del color del cielo en un día de 1825. O la hora de tu muerte”.
Recordó las claves del misterio fueron apareciendo, claras y enigmáticas…” Sus “rezos elevaban hasta el cielo el tenue polvo y el vapor de saliva que son lo único que Dios puede ingerir”. Ella asistía a oráculos porque necesitaba la guía de alguien en su vida. Ella quería descubrir el secreto del mundo, quería buscar la forma de escuchar a su padre, que la escuchen a ella pero que sea el espíritu de su padre el que hable. El oráculo le dijo “en el aire que respiras justamente ahora está un secreto del mundo. ¿Retuviste la respiración?”

Yolanda se encontraba muy nerviosa y desesperada. Quería saber cómo ayudar a su padre con su proyecto, con su sueño. Hizo todo lo que pudo, les rezó a las vírgenes, acudió a varias religiones. Casi se vuelve loca. Para poder contactar con su padre leyó “el texto sagrado de todas las religiones”.

Yolanda era hija de un muerto, un muerto bastante cercano a ella. Sabía que el proyecto de su padre seguía vivo, pero también la corrupción del gobierno rugía con mucha vida también. Llegó a escuchar a su padre en el más allá: “los hijos de los muertos oyen, con horror, las historias que les cuentan sus padres acerca de los vivos y su tierra de luz”. Y la voz de su padre nunca se calló, sino que siempre se mantuvo en su cabeza. 


los hijos de los muertos

18/3/15

La Gran Cagada


No me molesta que el turkey siempre salga del horno un poco seco.

“Si comes carne cruda, te vas a enfermar o algo peor. ¿Tienes ganas de morirte hoy?”

Eso dijo Madre, como de costumbre, la jefa de la cocina. Le encanta quemar la carne. Es lo que hay. Madre es madre y sus consejos clínicos nadie los puede contradecir.  

Abuela, por otro lado, no teme degustar un poco de sangre. Estoy seguro que después de 8 años en seguida, su famoso y siempre crudo Lechón es el culpable de las horas que paso encerrado en el baño. “La gran cagada”, nombró mi primo Jorge a aquella cena icónica de 2011, que desde entonces se ha convertido en una tradición de nuestro Thanksgiving en familia.

“Hoy rompemos con la tradición”, murmura Jorge, sentado con los otros “niños” lo más lejos posible de Abuela. “Te juro que este año no me iré cagando desde la mesa directico hasta Santo Domingo”.  

Las palabras me inspiran y se me ocurre una fantasía. Ahí estoy yo en el sofá, mirando un juego de football. Tom Brady, el quarterback, lanza la pelota perfectamente.

Y qué linda va la pelota, volando tan libremente por el aire. Parece que nunca regresará a la Tierra. Me preparo para celebrar el touchdown, pero justo cuando por fin la pelota comienza a bajar, oigo entonces las malditas palabras que me devuelven a la realidad de nuestra súper jefa de la cocina y carnes siempre súper cocinadas:

“El lechón ya está listo. ¿Quién tiene hambre?”

Coño. Estoy muerto de hambre, por supuesto, pero no me apetece ni un poco ese lechón.

Pienso en las palabras de Jorge y me vuelve algo de inspiración. Quizás Jorge tenga razón.  Este podría ser el primer año en que veré el touchdown sentado en el sofá sin retorcimientos de barriga sobre el inodoro.  

“¿Qué tal si abandonamos el lechón? Imagínalo como un experimento científico. Causa, efecto. Sin causa, no hay efecto…”

Tengo la certeza de que Jorge dijo “causa y efecto”, pero en medio de mi inspiración oí las palabras “caga y efecto”.

“De acuerdo. Tú  y yo, dos primos embarcando en una misma misión. Y embarcados… El objetivo: no cagar después del Thanksgiving”.

Escondidos a un lado de la mesa, concebimos así un plan que empezaba con Jorge, quien se encargaría de la distracción:


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14:05 - “Abuelaaaaa, ¿me puedes ayudar con algo aquí en la cocina?”

“Claro, ya voy”.

14:07 - Sale abuela y entro yo con dos platos y un solo objetivo: llenarlos con todo tipo de comida, excepto el lechón.  

14:08 Se escucha un bebé llorando. No fue parte del plan, pero también nos sirve. Bien hecho primo Juan y bienvenido a la familia.

Después de dos minutos, la vieja dominicana regresa a la mesa y empieza la segunda parte de nuestro plan.

14:10- “Abuelita, ¡qué rico el lechón!”
“¡Jorge tiene razón, es una delicia!”

14:12- Abuela sonríe amplísimamente y regresa a su asiento.


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La misión fue ejecutada a la perfección. Regreso al juego de football, pero esta vez yo soy Tom Brady lanzándole un pedazo de puerco a Jorge en el Endzone.

Y vuela el lechón, como un ave local desesperada por emigrar al otro lado del océano.

Justo cuando yo ya estaba seguro de que había cambiado mi destino ese año, de que por primera vez íbamos a marcar el touchdown, del otro lado de la mesa salió su inconfundible voz.

“Si les ha gustado tanto, ¿por qué cada uno no se come otro buen pedazo?”

“Pero abuelita querida, ¡estoy tan full que no me cabe ni una pizca más!”

“Siempre cabe un pedacito más. No me contradigan. Carajo. Están flaquitos y tienen que alimentarse mejor. He dicho.”


Lo peor es que Abuela tenía razón. Siempre cabe un pedacito más de carne cruda. Y justo ése sería más que suficiente para asegurar que no se rompiera la tradición terrible de nuestros Thanksgivings, con Jorge y yo los dos corriendo desde la mesa directico hasta Santo Domingo y muchas islas más allá.

9/3/15

Querido viernes 8 de junio de 2012 [19]




















Viernes 8 de junio de 2012

Ya regresamos a Panamá hace una semana y es algo insufrible. Hermano y yo tuvimos que venir para arreglar nuestros documentos para el Green Card. Él no había estado aquí desde hace sólo dos años, pero nosotros no habíamos vuelto desde hace ya once años. No nos acordamos casi nada del español, ni siquiera podemos entender qué es lo que todo el mundo está diciendo a nuestro alrededor. Nos da vergüenza tener que preguntarle a Hermano para que nos traduzca cada cosa. Hace bastante calor, casi ni hemos salido del apartamento ya que tenemos aire acondicionado. No nos gusta besarle el cachete a cada mujer que saludamos. Se siente antihigiénico. Estornudamos como locos. Es más, estornudamos tanto que tenemos que traer la caja de pañuelos a donde quiera que vamos. A veces cuando Hermano va a reunirse con sus compañeros de antes, salimos a caminar por las calles donde vivíamos entonces. Nos da tristeza, pero gracias a dios no decidimos regresar cuando teníamos ocho años.

Sinceramente, 

julio

 

Querido miércoles 13 de febrero de 2002 [8]




































miércoles 13 de febrero de 2002

querido amigo,

fuimos a la escuela esta semana, está bastante cerca. siempre teníamos que ir en carro a la salle, pero a ésta sólo caminábamos un poco. la maestra a vaces habla en español y a vaces en inglés. nadie nos persigue en recreo, eso es bueno. no rezamos en el comienzo de cada clase. mamá me preguntó si me quería quedar o regresar con ellos. les dije que me quedaría. no quiero regresar.

sinceromente,
 
julio